POR SIEMPRE "CARLIN"

 

HISTORICO FOTOGRAFO DE NUEVA CHICAGO

Ciudadano ilustre de la ciudad

René Roldán nació en una comisaría de Mataderos hace 80 años y nunca lo abandonó. Mientras trabajaba en el Mercado de Hacienda comenzó a estudiar fotografía para luego convertirse en el fotógrafo más conocido y estimado del lugar. Su vida es un registro de toda la historia social del popular barrio. Hace tres años fue declarado "ciudadano ilustre" por el Gobierno de la Ciudad y hoy luce orgulloso la distinción de abanderado del Museo Criollo.
¿Qué significa nacer en una comisaría?
En aquella época Mataderos era casi rural, con pocas casas y muchos potreros. Mi padre alcanzó a llevar a mi madre en el sulky hasta la comisaría de la zona que también funcionaba de centro sanitario. Allí la esperaban un médico y una enfermera, y al rato nací me toco nacer. Todos recordaban que fue un parto maravilloso, pero yo por cábala jamás volví a entrar a la comisaría.

¿Y cómo nace el vínculo con la fotografía?
Desde pequeño tuve dos grandes pasiones: la fotografía y la milonga. Después de terminar en la primaria, en la Escuela Nº 6 de General paz y Avenida del Trabajo, me entro la gran duda de seguir estudiando y dedicarme al baile. Y me incliné por lo segundo. Siempre fui un bailarín apasionado y no me perdía una sola milonga. Respecto a la fotografía, inicié los estudios cuando encontré trabajo en la cooperativa de carniceros, en el Mercado de Hacienda. Hasta que aprendí muy bien la nueva profesión y me dediqué pleno a ella.

¿El nombre de Carlín proviene de un apodo de la infancia?
No, para nada. Resulta que cuando puse mi casa de fotografía, me decían los amigos que "Fotos Roldán" no era atractivo para el nombre de un comercio, entonces lo primero que me vino a la mente fue el nombre de Carlín y así nació el mote con que me conocen todos los vecinos. Gracias a esta actividad logré el estima de la gente y hace algunos años la comuna me distinguió como ciudadano ilustre.

¿Qué recuerda del viejo barrio de Mataderos?
Mataderos se fue poblando día tras día, primero vino el barrio Los Perales, el entubamiento del arroyo Cildañez para que el barrio dejara de inundarse. Y el antiguo matadero. Y el frigorífico, que después cerró, dejando a todos los obreros sin trabajo. Recuerdo aquella semana trágica, que sucedió en la época en que tenía el local de fotografías en Villa Madero. Era terrible regresar al barrio y ver a toda la gente tan triste. Además fue una verdadera lástima porque no sólo era un fuente de trabajo, sino que las calles aledañas eran un romería, porque existía una feria artesanal estable donde acudían todos los vecinos. Pero también hay recuerdos felices, como el tranvía. Era muy bonito viajar en la línea 48. Yo lo tomaba para ir a los bailes del centro y cuando regresaba por Avenida Alberdi y luego tomaba Murguiondo y al final doblaba en Rodó, donde había una curva empinada. Como el tranvía venía con tanta fuerza la mayoría de las veces se salía de carril y teníamos que esperar que viniera el guinche para reac omodarlo en la vía.

¿Recuerda alguna anécdota que le cause placer contar una vez más?
Una Navidad acompañé a mi padre hasta el matadero, para que lo ayudara en sus tareas de matarife. Quería terminar temprano y necesitaba ayuda. Yo tenía apenas ocho años. Cuando volvíamos en el carro por los potreros veo moverse un animalito entre los cimientos de un futuro edificio. Le digo a mi padre: una rata enorme. Y me contesto: no, es un lechoncito perdido, vaya a buscarlo. Esa noche comimos un manjar. Pasaron los años y ya siendo grande voy a un baile en el salón de la cervecería Argentina, en Saladillo y Bragado. Cuando termina la milonga nos vamos a cenar con unos amigos a una fonda cercana. Uno de ellos empieza a contar que cuando era chico habían criado un lechoncito huérfano a leche en mamadera. Pero una noche el vecino se lo había robado y su padre lo quería matar de un escopetazo. Terminaron en la comisaría, pero el “tano” del vecino negó todo. Su padre nunca más lo volvió a hablar y aún quería vengarse. Mientras escuchaba el relato me empecé a poner rojo de vergüenza. Y cuando mi am igo terminó, le dije: "no fue tu vecino, fui yo, lo encontramos solito en un baldío y lo llevamos a casa. Yo me comí tu lechoncito".

¿Cómo transcurre su vida actual?
Ahora estoy en el Museo Criollo del barrio, en Avenida de Los Corrales y Lisandro de la Torre, atendiendo a los chicos y preparándoles la merienda. Además pertenezco al ballet del Museo y cuando se conmemoran las fiestas patrias llevo la bandera de la institución. Todavía saco algunas fotos sociales para las familias amigas y, por supuesto, lo que nunca voy a dejar de hacer es ir a tomarle fotos a mi querido Nueva Chicago. Nunca me pierdo un partido del "torito" en nuestra cancha.

¿Algún mensaje para la gente amiga del barrio?
Que nunca le falte trabajo a nadie, para que puedan mejorar sus vidas y sigan adelante con sus sueños.


FUENTE DE INFO :www.educar.org

 

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